A través de las eras, diversos
pueblos han entendido y expresado el poder y la belleza del ritmo.
Pero aunque cada civilización
ha intentado expresar su magia según parámetros culturales
propios, todas han coincidido en percibir que conmueve, inspira
y transforma.
Y es que subyaciendo esa extraordinaria
diversidad musical hay un reino en donde no hay mejor ni peor,
ni moderno ni primitivo, ni diferencias entre clásico y folclórico.
Es un reino en donde las distinciones
se extinguen y surge la orgánica compulsión de traducir
las emociones en algo vivo, en sonido, en danza, en ritmo….